Porlamar
8 de abril de 2020





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Y yo que creía...
En mi soliloquio regreso diciéndome que sin duda nos robaron una parte del futuro, y no lo digo por lo que me duele y me corresponde, sino también por los millones de jóvenes que cancelaron sus proyectos de estudiar y labrarse una profesión y han tenido que salir a sobrevivir, ya en “nuestro” país, ya en tierras extranjeras
Ramón Ordaz / rordazq@hotmail.com

12 Feb, 2020 | Cual sea el destino que le espere a nuestro país –hoy somos intrusos y extravagantes-, está a la vista cómo se esfumaron dos décadas en naderías, en folclorismo cuartelero, en un reparto populachero de la cultura de la cual es poco lo que hay que celebrar. Pueden haber gastado toneladas de papel imprimiendo libros y revistas de los cuales apenas si hay rastro de ellos en nuestras bibliotecas, ¿dónde están los lectores? ¿Que el pueblo tiene más “cultura” política?, ¿y?; amor con hambre no dura, porque solo los tontos creen en un futuro mesiánico. Un vecino, “ignorente”, como dice mi hijo, un batido de ignorancia con inocencia, me alecciona sobre lo perdido que ando, cabalgando libros que a nadie le importa y que con eso no se come; me latiguea con un Bolívar muy particular que confieso desconocer, perora sobre las múltiples guerras que azotan al país: económica, eléctrica, cibernética, galáctica, extraterrestre, entre otras, y yo lo oigo como alumno a su maestro; yo, como lelo, y él, en su énfasis: “¿entendiste?; lo que pasa es que la gente oye las mentiras de la “derecha apátrida” que no quiere a su país, sino que prefiere hacer lo que dice “Trun”, guarimbear, que si no es por los colectivos, nos queman vivos”. Claro que entendí perfectamente, más cuando me aconsejó que si me inscribía en el “Pesú” obtendría los beneficios de todas las tarjetas con los bonos, “hogares de la patria”, “José Gregorio Hernández”, y pare de contar. Su rostro expresa felicidad, y si una preocupación le arruga el entrecejo es que vaya a desaparecer el “bienestar” que disfruta su familia sin trabajar, lo que, suponemos, debe ser el socialismo para este vecino a quien, más allá de su “ignorencia”, no deja uno de querer y admirar como quien se extasía ante el hombre silvestre. En mi soliloquio regreso diciéndome que sin duda nos robaron una parte del futuro, y no lo digo por lo que me duele y me corresponde, sino también por los millones de jóvenes que cancelaron sus proyectos de estudiar y labrarse una profesión y han tenido que salir a sobrevivir, ya en “nuestro” país, ya en tierras extranjeras, con el agravante de que son más los de escasos recursos quienes han emigrado. La generación castrada que está en el poder es muy poco lo que tiene que exhibir como realización, pero tiene ganado a su favor que miles de venezolanos vivan engañados bajo la promesa de un Edén que hoy amenaza el coronavirus, mientras reaparecen los fantasmas de un socialismo ramplón, desubicado, sin asidero en esos pobres sueños con los que perdimos el tiempo en nuestra juventud. Como nunca, en nuestro país se vive de promesas incumplidas, de pañitos calientes ante cualquier embarazosa situación. Quienes gobiernan lo han superado todo: son doctores y doctorandos en el arte de vender piritas por oro, de maquillar la mentira para que todos coman tranquilos y en paz, paz de los sepulcros.




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